Canicab Rap

El viernes 22 de abril, me dirigí con el maestro Guillem Tenas a Canicab, localidad que se localiza a 26 Km de Mérida y cuenta con un poco menos de 800 habitantes. Él, todos los viernes va allá para dar clases a los alumnos de la Telesecundaria del pueblo. Trabajamos con un grupo de siete niños y una niña, pertenecientes al segundo grado. El motivo de mi visita se debió a que ellos estaban interesados en el rap, y en una sesión anterior Guillem les había impartido una clase de métrica para su taller de redacción. Los niños le pidieron invitar a alguien de Mérida, así es que me invitó a mí y yo acudí entusiasmada.

El plan de trabajo constaba, en primer lugar, en escuchar juntos una canción de unos chicos de Chile que cantan sobre temas relacionados con la comida. Escogí este tema porque pensé que sería fácil de manejar, pues todos los días se come. Escuchamos la canción de los chilenos como punto de partida para inspirarnos y crear en conjunto una canción de rap con contenido gastronómico local de su pueblo. Les comenté que muchas personas de fuera no conocen, por ejemplo, la guaya o la chaya, y que estaría bien que se hablara de la riqueza gastronómica con la que cuentan en la región.

Así es que empezamos:

Escribí en el pizarrón GUAYA y la describimos juntos en base a estas preguntas: ¿cómo es? y ellos contestaban es circular, se anola; y así entre todos, a partir de una lluvia de ideas, describimos la guaya y lo mismo con la chaya y la pitahaya.

Después los invité a que eligieran una fruta o verdura, o el tema de la comida que quisieran. Me costó un poco de trabajo que cada uno eligiese un tema ya que estaban un poco indecisos, temerosos o tímidos de escribir. Les preguntaba ¿qué comiste ayer o en el recreo o por la mañana, o cuál es tu platillo favorito?, pero les costaba tomar una decisión. Primero un alumno me contestó: no recuerdo, estaba un poco cerrado; después otro ya me empezó a platicar lo que su mamá le había hecho de desayunar. Así pasé uno por uno a su lugar y los estimulé a que lo describieran en su cuaderno. Así fue como escogieron cada quién lo que iban a rapear. Tuve que ayudarles, guiarlos, mediar para facilitar que cada uno pensase en la comida con la que querían trabajar. Al fin lo lograron, pasé a leer lo que habían puesto, revisé la ortografía y por último los animé para que compartieran sus resultados.

El objetivo principal de la sesión fue que se animasen a escribir y a plasmar en papel lo que piensan. Guillem y yo les comentábamos sobre la importancia de la escritura en la vida. También conversamos que para que un rapero pueda componer sus propias canciones, primero las tiene que escribir; así es que alentándolos de que ellos podían, lo lograron. Finalmente, se representó en colectividad. Empecé leyendo lo que pusimos entre todos en el pizarrón e invité para que cada uno pasara a leer lo que habían escrito.

Primero pasó un niño, con timidez (al principio como todos tenía pena) pero se logró desinhibir y hasta cantó y bailó, muy bien, le aplaudimos. Al siguiente también le costó trabajo al principio pararse frente a todos; respiró, se tocó el pecho y lo logró. Pero después, como no todos pudieron escribir en el pizarrón por falta de espacio y de tiempo, les pedí que pasaran al frente y lo leyeran. Aquí es donde estuvo el principal problema, pues nadie quería pasar al frente. Si con los dos chicos anteriores me había costado trabajo, ahora nadie se animaba. ¿Por qué? Ellos me respondieron que nunca habían pasado al frente y que no estaban acostumbrados. Me quedé impresionada, a mí desde la primaria me hacían pasar al frente a exponer, pero lo entendí, son diferentes contextos, diferentes procesos, diferentes maneras de trabajar y de abordar los temas. Así es que si les daba pena desde sus lugares lo podían hacer.

Y ¿qué pasó? les daba pena leerlo en voz alta, yo les preguntaba ¿por qué? ¿qué no se conocen los unos a los otros? Me preguntaba, si llevaban juntos en el mismo salón desde hacía tiempo ¿qué era lo que pasaba? Les daba pena, pero los motivé, les dije que ellos podían y lo lograron. Finalmente, se pudo sacar el trabajo final: un vídeo con cada uno interpretando lo escrito; una tarea difícil que se animasen a hacerlo y que perdieran el miedo. Y aquí está una prueba de ello, que sí podemos, en este caso pudimos entre todos sacar una canción y aquí te la mostramos:

Al finalizar la clase les recomendé a todos que participaran más en el aula, que perdieran el miedo, que hablasen fuerte para que sus demás compañeros los escuchasen y que no se quedaran callados.

Espero que hayan escuchado mi consejo y lo estén llevando a cabo. Gracias por la experiencia y seguimos trabajando.

@Isistlan

 

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