The HubLab, hacia un laboratorio de barrio en Chuburná

Mi experiencia en The HubLab fue muy interesante. Encontré un espacio de interacción muy distinto a otros que he conocido al que pueden ir personas que tengan o no conocimientos científicos; se trata de compartir saberes y atreverse a crear cosas nuevas aprovechando las herramientas tecnológicas que proporciona el laboratorio. 

Me gustó mucho poder aprender sobre las impresoras 3D y me ayudó a comprender que ese tipo de tecnologías, que podrían considerarse muy especializadas, no son tan complicadas de hacer y que, con ciertos conocimientos básicos y las herramientas necesarias, se pueden crear en espacios tan sencillos como The HublabEs un lugar en el que existe una diversidad de disciplinas, desde arquitectos, físicos, programadores y/o biólogos, etc., y esto hace mucho más rico el intercambio. Las personas que trabajan ahí nos recibieron con mucho interés y fueron muy amables con nosotros. 


Tal vez sea complicado integrar a todos los sectores de la sociedad en un espacio así, pero se puede empezar por los estudiantes y las personas interesadas en crear cualquier tipo de artefacto y tecnologías que ayuden a resolver problemas de la sociedad o a mejorar algunos aspectos, desde crear huertos hasta fabricar impresoras 3D.


A nivel personal me encantó conocer el lugar, tengo muchas ideas y cosas que quiero crear. Me gustaría invitar a mis amigos para que vayan conmigo a The Hublab y juntos podamos aprovechar el espacio para hacer nuestros proyectos de diseño e integración a través de huertos urbanos, de forma que sea un “hágalo usted mismo” y no tengamos que depender de otras personas para hacer las cosas. 

Natalia de la Garza


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La experiencia de Andrea en The HubLab de Chuburná fue muy grata; dice, “nos recibieron gustosos, nos explicaron la historia del sitio y sus propósitos, y nos mostraron sus equipos. Nuestra manera de contribuir con el espacio fue hacer un ejercicio de mapeo de la zona, que nos permitiera conocer mejor el entorno social”.  

Dice que su amiga Raquel y ella decidieron ir casa por casa preguntándole a las personas si conocían el espacio y brindándoles la poca informacion que tenían. “El resultado de este ejercicio fue darnos cuenta que, a unos pocos metros de distancia, nadie sabía del HubLab, pero que aún así muchas personas estaban interesadas en conocer más sobre él. Por otro lado, a muchas les parecía complicado entender de qué se trataba”. 


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Nos dimos cuenta, añade, de que el nombre es un poco complicado y que, definitivamente, no atiende al contexto local, por lo que pensamos que aunque el espacio pueda pertenecer a una red de HubLabs, sería más conveniente ponerle un nombre más accesible ya que, incluso para nosotras, es complicado. También creemos que hace falta un mejor trabajo de divulgación y acercamiento al público al que se dirige el espacio. No basta con tener una página de Facebook, porque el concepto de los HubLabs es muy poco conocido en México y, si se esperase que la gente se acerque primero, se les tiene que explicar de qué se trata y cómo funciona. Como propuesta, pensamos que una buena forma de hacerlo es realizando talleres muestra donde se trabaje un tema en concreto pero que también se detalle el fin mismo del espacio.

Estos son sólo algunos de los relatos experienciales de una visita especial que realizamos el pasado mes de mayo a The HubLab en el barrio de Chuburná en la ciudad de Mérida, Yucatán, como parte de una práctica de campo en el marco de la asignatura Conocimiento, Tecnociencia y Diversidad Cultural mediada por Adela Vázquez Veiga y colaborada por Ali Madai, Andrea Noriega, Yolotzin Zamora, Jan Medina, Raquel Corona, Natalia de la Garza, Celina Pisté y Emilio Chan durante el primer semestre del año 2017.


La idea inicial consistía en conocer el espacio de la mano de uno de sus socios, Juan Carlos, y otros compañeros que co-habitan ese lugar de creación colectiva, pero también compartir saberes, generar reciprocidad y vincularnos, en lo posible y durante una corta mañana de 4 horas, con la comunidad cercana al espacio del HubLab para mapear, entre todos, qué tan conocido es el espacio entre la comunidad aledaña, qué otros espacios colectivos existen en el entorno y qué relación tienen entre ellos. Para esta deriva mapeada nos echamos a caminar explorando las naves en reuso que se encuentran en la colonia; el propio HubLab se localiza en una antigua fábrica en la que guardaban henequén. En el camino encontramos el HubLab móvil (que pueden ver en la foto de portada) y la nave de la Escuela de Danza Contemporánea Créssida.


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Nos dividimos por parejas para trabajar de manera colaborativa partiendo de los 4 entornos del procomún (mediambiente, cuerpo, ciudad e Internet) y estos fueron los resultados:


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Para terminar, cerramos con palabras de Natalia quien habla de que “este lugar tiene la posibilidad de fomentar en las personas habilidades que nos hagan ser más independientes y autosuficientes pero con una capacidad integradora que pueda articular nuevas formas de relación social” y una galería de fotografías sobre la experiencia que esperemos, hayan disfrutado.

 

 

 

Este texto fue escrito por Andrea Noriega, Natalia de la Garza y Adela Vázquez para The HubLab pero es una experiencia colaborada por Ali Madai, Yolotzin Zamora, Jan Medina, Raquel Corona, Emilio Chan y Celina Piste.

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