¡Armemos juntos el danzón!

En busca de la memoria de un bien común (in)tangible

Un texto escrito por Abril González, Frida Vilchis, Martín Romero, Jackeline Zúñiga, Aviela Perera, Diana Falcón, Adela Vázquez y la comunidad danzonera del barrio de Santiago.

Dicen que mapear está de moda ¿está de moda mapear? En los últimos tiempos vemos imágenes en la red de personas que interactúan con mapas en espacios públicos, colectivos mapeando en comunidades y/o ciudades, talleres de mapeo que se multiplican en diferentes contextos y con diferentes personas y objetivos; pero el mapeo hace mucho tiempo que existe. Para nosotros la importancia del mapeo radica en entenderlo desde el punto de vista práctico, como práctica social desde la cotidianidad, saliendo del espacio en el que estamos para dejar paso al espacio social relacional; salir de la oficina, de la escuela, del aula, etc. para abrazar el trabajo de campo y darle la dignidad que merece y/o necesita recuperar. Un mapeo coproducido entre personas diversas, en diferentes contextos y momentos para facilitar las experiencias vividas en un territorio específico y con personas vecinas para visibilizar problemáticas que (nos) están afectando a nosotras y a los entornos que sostienen nuestra vida en común. Pero el mapa no puede ser un dispositivo jerárquico, debe implicar y recoger miradas múltiples como múltiple es el territorio.

El martes 17 de abril de 2018, de 6 de la tarde a 9 de la noche, siete personas facilitamos la herramienta del mapeo colectivo junto con la comunidad del danzón en el barrio de Santiago de la  ciudad de Mérida, Yucatán, como parte de un proceso iniciado en febrero y prolongado hasta el mes de mayo en la asignatura Gestión del Patrimonio Cultural Intangible de la Licenciatura en Desarrollo y Gestión Interculturales (LDyGI) que se imparte en el Centro Peninsular en Humanidades y en Ciencias Sociales (CEPHCIS) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Aprendiendo a escuchar o andar escuchando

¡Exploradoras a la deriva! Como si de una nueva aventura se tratase, abiertas a cualquier sorpresa, en el mes de febrero salimos a las calles del barrio de Santiago con nuestros cinco sentidos trabajando al máximo para buscar el patrimonio (in)material que resguarda; ello tratando de escapar de la mirada académica, rígida y experta para buscar otras maneras de hablar del término impositivo, Patrimonio Cultural Inmaterial (PCI) y huyendo de las clásicas dicotomías material-inmaterial/tangible-intangible. Así, después de andar mirando, andar oliendo, andar escuchando, andar sintiendo y andar saboreando, encontramos no uno sino una gran riqueza de bienes culturales que forman parte del común santiaguero.

Llegó entonces el momento de decidir ¿qué? ¿cómo? ¿dónde? ¿por qué? y/o ¿para quiénes? “El danzón” llamó nuestras inquietudes, tal vez fue por la brecha generacional que en él vimos lo bello y conquistador que tienen sus ritmos.

Después de echarnos a la deriva por el barrio, volvimos a él en días posteriores para presenciar, como simples espectadoras, el danzón; tratando de escuchar lo que de él se decía pero sin intervenir. Poco a poco, en el aula, íbamos diseñando la metodología, tratando de huir de diseños premeditados y cerrados para hacerlo de manera abierta, sintiéndonos par y parte de la comunidad danzonera y santiaguera y poniendo la escucha como método para acercarnos al danzón del barrio de Santiago y acompañar a la comunidad que lo sostiene, lo mantiene y lo hace vibrar.

La guía no es el diseño

Hay una frase muy conocida de Alfred Korzybski que dijo que el mapa no es el territorio cuando en la 1ª Guerra Mundial cayó con su tropa en una fosa que no aparecía en los mapas que alguien había diseñado y que se daban por sentado homogeneizando una vida que no es la vida en común, ni mucho menos una única verdad.

Como punto de partida nos preguntamos ¿cómo se relacionan las personas con el danzón en el barrio de Santiago? con el fin de descubrir qué cosas componen el danzón en relación a las personas y la memoria común del espacio social barrio de Santiago. En concreto nos propusimos visibilizar aquello que compone el danzón, que lo hace vibrar en el espacio social en el que se produce y compartir entre todas y todos ese conocimiento.

Con la finalidad de guiarnos en base a algunas temáticas y colores que nos permitiesen buscar y relacionar aquello que sostiene el danzón, generamos la siguiente propuesta en base a seis códigos de colores:

#MÚSICA (CANCIONES, GRUPOS MUSICALES, INSTRUMENTOS…)

#BAILE (PAREJAS, SOLOS, ESTILOS, PASOS, COMPÁS…)

#VESTUARIO (ROPA, ACCESORIOS, CALZADO, MAQUILLAJE…)

#RECORRIDO(TRANSPORTE, BICI, COCHE, CAMION, A PIE…)

#PERSONAS (DEL BARRIO, DE FUERA DEL BARRIO, TURISTAS, FAMILIARES…)

#ESPACIO (PARQUE, MERCADO, IGLESIA, MOBILIARIO…)

Algunas de las preguntas disparadoras o preguntas guía que compartimos nos permitieron tomar puntos de referencia y/o abrir conversaciones para, entre todas las personas, construir el mapa. Las preguntas expresadas como punto de partida fueron éstas:

¿Qué músicos tocan en el danzón? ¿Qué instrumentos? ¿Qué canciones suenan? ¿Cómo se viste para asistir al danzón? ¿Usa maquillaje para la ocasión? ¿Dónde aprendió a bailar danzón? ¿Con quién viene? ¿Con quién baila?¿Busca pareja? ¿Asiste a algún otro danzón en la ciudad?¿Cuál es su recorrido para venir al danzón? ¿Cómo llega? -a pie, en coche, en camión- ¿Dónde se sitúa la banda de música?

Dejarse afectar por los mapas

El mapeo fue una experiencia completamente nueva para mí, no tenía idea de todo el proceso detrás de un mapeo colectivo y menos de la experiencia que se vive al estar conviviendo con la gente que se acerca a preguntar y a participar. Las sensaciones que te provoca el ver y escuchar a la gente contar sus historias, experiencias, compartir momentos y que ellos sientan que hay personas jóvenes interesadas en conocer sobre este baile, te deja con ganas de seguir aprendiendo. Este mapeo ha sido de gran ayuda para seguir relacionándome con la comunidad, con la gente que nos rodea cotidianamente y que a veces no notamos que está ahí. A pesar de ser yucateca, no conocía sobre la práctica del danzón en Mérida ni en Santiago, así que esta experiencia es una forma más de aprender, convivir y compartir (Avi).

Puedes mirar la calle, el barrio o tu ciudad con otros ojos, sólo basta con escuchar a tus pies y mapear. El mapeo colectivo ha hecho que ponga más atención a todos mis sentidos; como herramienta ha ayudado a disipar dudas de cómo generar experiencia y conocimiento desde lo común, en lo nuestro, el proceso se disfruta y se vive y la práctica te deja algún vacío de nostalgia después de que recoges el mapa (Abril).

Cuando se dice “mapeos colectivos” surgen muchas dudas: ¿qué es? ¿cómo funciona? ¿¡mapa!? ¿cómo los que vienen en los libros de geografía o los que nos direccionan para llegar a nuestro destino? Sí, el mapeo colectivo nos permitió llegar a nuestro destino: el danzón. Aunque uno pensaría que los mapas son estáticos, precisos y cerrados, cuando agregamos la característica de “colectivo” a través de stickers, plumones, colores, líneas y dibujos, el mapa toma vida y nos permite conocer nuevas formas de habitar y poner en conjunto los conocimientos y vivencias que se generan alrededor de determinado tema. Mapear colectivamente también es dejarse empapar y apapachar, escuchar y sentir como si fueras tú quien vive todo lo que los otros plasman en ese pedazo de hoja. Ahora, cada vez que escuche Nereida, estarán en mi mente todas las historias de quienes participaron en el mapeo colectivo, lo que es y representa el danzón en el Parque de Santiago (Diana).

Mapear es transitar los espacios de una forma novedosa. Incluye más que sólo ubicarnos en un lugar y saber de él, es descubrir a quienes viven en él y cómo viven su entorno. De manera personal hacer un mapeo colectivo fue una experiencia enriquecedora, ya que al aproximarnos a la gente llena de curiosidad y con ganas de apropiarse del mapa en el parque de Santiago, participaron y expresaron cómo el danzón se ha vuelto un referente del lugar durante con el paso de los años; pero sobre todo de sus historias de vida.  Animados a escribir y preguntar el porqué de hacer un mapeo en el danzón del barrio de Santiago pudimos escuchar testimonios entrañables acerca de cómo la música o el vestuario de hombres y mujeres de este baile se ha transformado con las épocas y cómo, a pesar de ello, no ha dejado de ser escuchado, cantado y bailado por el público que fielmente asiste al barrio de Santiago para pasarla bien en pareja, encontrarse con los amigos y/o descubrir proyectos como el nuestro, que los invita a colaborar con sus perspectivas personales sobre lo que rodea al danzón. Apreciamos esta práctica, no sólo al ubicarla en un área como el parque sino por el ejercicio de escucha a quienes ya se han vuelto personalidades conocedoras de este baile y al leer la transcripción de quienes amablemente colaboraron en este ejercicio respondiendo, bailando e invitando a volver a disfrutar del danzón de Santiago (Jackie).

Lo que vibra en el danzón

¡Lo que vibra en el danzón va más allá de cualquier color! Es un crisol de parejas que se entretejen unas con otras con la mirada, entre el vaivén que sostiene sus caricias, entre el correr del tiempo en el compás de una buena canción, en el aroma del viento que se viste del color de la pasión.

Lo que vibra del danzón es esa complicidad de dos, es esa magia que libera la brisa cuando acaricia el alma de dos cuerpos que se desdibujan mutuamente entre risas, al compás de un son.

¡Qué tan afable recuerdo es vibrar en tus adentros cuando recuerdas aquella hermosa canción! Sí, esa es ¡la magia del danzón!, eso es lo que te hace vibrar con pasión.

Y de pronto estás ahí, formando parte del mismo cuerpo, en donde toda la maquinaria se echa a andar; el escenario cuidado y perfecto es el espacio custodiado por los amantes que, entre nervios y emoción, aguardan atentos el comienzo del danzón.

Los músicos, tan fieles e inquebrantables, acarician el alma y afinan detalles del instrumento al que le harán el amor.

Entonces: ¿Qué es lo que vibra en el danzón?

¡Lo que vibra en el danzón es el amor que se respira por doquier!

¡Es la complicidad de dos cuerpos que se funden entre sí!

¡Es la materialización de dominio del corazón!

¡Es la razón que funde en un mismo son!

(Martín Romero)

Las personas que lo sostienen

No hay danzón sin comunidad ni comunidad sin danzón. Hay quienes dicen que siempre llegan a bailar con su pareja o bien que ahí mismo la buscan y/o la encuentran. Lo importante, sea con o sin pareja, es llegar, es ser y hacer parte  de ese bien común. Durante el mapeo conocimos al grupo Danzoneros del Mayab, personas apasionadas por el género que han conformado una escuela dirigida por el maestro Rául Féliz Leal Conde y para quienes el danzón es un baile de salón que se disfruta de manera social y regional, con una serie de reglas acordadas para aprender pasos, compases y bailar, investigar, conservar y transmitir un danzón académico que se convierte en un complejo arte. Para otros es un baile popular que se disfruta en las plazas públicas y se gestiona de manera cooperativa e intuitiva pero, en cualquier caso, siempre habrá alguien que te acompañe en el camino de bailar y vibrar con el danzón. Puedes bailar solo o acompañado pero siempre con otros en un ecosistema danzonero que vibra porque es vida en común.

La música que lo mueve

“Porque el amor es bailar”…

De entre los distintos danzones que se escuchan en el parque de Santiago, por excelencia Nereida es el preferido de muchos asistentes aunque también en el mapa aparecieron: Teléfono a larga distancia, Masacre, Habana Park, Caldo de Oso, Champotón, El pichi, La verbena de la paloma, Zacatlán, Flores Negras, Florecita, Las margaritas, Mi amigo pancho,Veracruz. Interpretados por distintas orquestas como Orquesta América, Acerina y su danzonera, Pepe Castillo y su orquesta, Carlos Campos, La orquesta de Mérida, Santanera, Los babys u Orquesta Aragón.

El mapa colectivo nos permitió contrastar información en un aspecto particular relacionado a los parámetros para hablar de orquestas danzoneras, ya que hubo una persona que mapeó que no hay orquesta danzonera en Mérida, mientras otra persona añadió en el mapa “SÍ HAY”. Convirtiéndose en un espacio donde distintas perspectivas se vieron reflejadas. Otro caso es la clasificación que algunas personas hacían entre danzón y danzonete; el primero se caracteriza por ser sólo música y las orquestas típicas son quienes las tocan, mientras el otro es cantado.  

¿De dónde salen tan bellos sonidos? “Lo que más me gusta es el saxofón”, escribió María Luisa. Al estar ubicando en el mapa los instrumentos que conforman las orquestas aparecieron también la trompeta, el clarinete, el güiro, las percusiones, las cornetas, la armónica y un papel fundamental en el danzón que es nombrado como director de baile, conductor u operador de música.

A lo largo del tiempo muchos amantes del danzón en el Parque de Santiago han ido notando cambios en la manera en la que se baila y la incorporación de ritmos como el cha cha chá, el merengue o la cumbia pero, sin duda, siguen considerando que estos bellos danzones y danzonetes son parte de su vida.  “La combinación de ritmo con instrumentos, el ambiente que se crea, la experiencia tan única que nos lleva a la cultura cubana. “Me encanta la de Cómo han pasado los años, qué bellísima al verla bailar con la población mayor”, dijo Estefanía Ortega.

El vestuario que lo engalana

Actualmente el atuendo personal no está sujeto a protocolos, más bien es una manera de comunicar en el baile, eso sí, de tonalidades vistosas y accesorios alegres (en el caso de las mujeres) que inviten a la pareja a la pista. En los testimonios y autógrafos de los asistentes se encontraron las siguientes afirmaciones:

La complicidad en una pareja que baila danzón se ve reflejada no sólo en el intercambio de miradas al bailar sino también en la armonía de combinar sus vestuarios para destacar  durante su presentación en la pista de baile, en el ir y venir de vestidos coloridos acentuaban atributos femeninos como la cintura.

Elegancia con vestido, zapatos de tacón y abanico. Sombrero filipina y pantalón ligero, zapatos negros. Ropa fresca y holgada que permita mover el esqueleto. Elegante y cómodo.

Antes vestíamos el traje regional y las mujeres el terno. Ha cambiado por influencias de las autoridades; ahora sólo asistimos con ropa casual pero apropiada para el baile. Antes las mujeres usaban tocado con flores naturales: gladiola, con amapola o mariposa pero ahora ya no lo portan. Los hombres, ropa blanca, camisa manga larga y alpargatas. Antes se usaban las mancuernas, zapatos de tacón  y chanclas.

Guayabera blanca, pantalón blanco, sombrero blanco. Sombrero danzonero, filipina, pantalón negro. Danzón en las mujeres, flor en el pelo, vestido, maquillaje, abanico, zapatillas, aretes, collares y pulsos.

Los recorridos que lo caminan

De aquí y de allá, la gente llega de muchos lugares de Mérida, de Yucatán y más allá. Algunos caminan, otros en taxi, en coche o bicicleta, en camión lo más común. Algunas como Josefina sale de trabajar cada martes de un supermercado cercano al mercado Lucas de Gálvez, después de una dura jornada, y se reúne con sus dos amigas -las tres alegres comadres, se dicen- para bailar danzón en Santiago; de ahí, ya tarde, toma su bus hacia Xmatkuil donde vive junto a su familia y en donde piensa que hacen falta espacios públicos como el de Santiago en el que se baile danzón, “así habría menos delincuencia porque el danzón crea comunidad”.

Todos los caminos llevan al danzón de Santiago; lo importante es llegar, estar, bailar, ser parte y disfrutar de este espacio social que se construye entre todos, en común.

Aunque existen otros espacios donde se puede vivir el danzón en Mérida, como las plazas de Santa Ana o Santa Lucía o lugares como la Macro Plaza, los bailarines prefieren asistir al parque de Santiago porque en sus propias palabras “es el mejor lugar para un evento como tal… ¡Parque de Santiago! “. Danzoneras y danzoneros de muchos puntos de la ciudad como Xmatkuil, la zona del Aeropuerto o del norte de la ciudad se dan cita para disfrutar de este evento; sin importar la distancia recorren la ciudad en auto, en camión o, incluso un bailarín, asiste al evento en bicicleta desde Kukulkan.

También conocimos a personas de otros estados del país como Quintana Roo, Chihuahua o Campeche que, encantados por la cadencia de este baile, lo vivieron y lo hicieron suyo en el parque de Santiago. No es raro ver a extranjeros luciendo sus mejores pasos o aprendiendo a bailar y divertirse, incluso un asistente de Cuba vino a gustar del danzón en este parque.

El barrio de Santiago es un barrio lleno de alegría, tradición, ambiente y no es de sorprenderse que gente de todas partes lleguen para disfrutar del danzón.

El espacio que lo atestigua

El Parque de Santiago es parte del icónico barrio que lleva el mismo nombre, gracias a la Iglesia de Santiago Apóstol. Durante la segunda mitad del siglo XIX el barrio fue paso e inicio del Camino Real de la ciudad de Mérida al puerto de Sisal, desde donde se realizaba la exportación de la fibra de henequén y desde dónde se creía también que venía el danzón desde Cuba.

El parque de Santiago está junto al Mercado Santos Degollado, donde de día y de noche se puede degustar comida yucateca y se ha convertido también en toda una referencia: “paso a cenar al mercado”, nos comentaron; otros venían buscando el tan mencionado PCI en la comida y terminaron por ver el danzón como parte de éste: “llegué porque vine a probar la comida del Mercado de Santiago, ví que estaban acomodando y me quedé”; “ceno en los salbutes del mercado y es la primera vez que veo el danzón”.

El espacio donde ocurre todo es agradable: “hay árboles, comida y buen ambiente”, algunas personas de la comunidad danzonera lo presumen. Algunas bailan, otras cenan, hay quien observa, se entretiene en y con el ambiente, hay quienes llevan rato aquí: “asisto al parque desde hace 16 años”,  desde 1984 se realizan las Remembranzas Musicales en este lugar y parecer ser el punto perfecto en donde ¡han encontrado un hogar!: “sólo vengo [bailo] en Santiago”, “bailar en el parque ¡buen lugar!”, “el mejor lugar para un evento como tal…¡¡¡Parque de Santiago!!!”.

¡Aquí también se baila danzón!, dijeron. En otros espacios de la urbe como el Parque de La Mejorada, el Parque de Santa Lucía, el Parque de Santa Ana, el Parque de San Sebastián, el Parque de San Juan, la Plaza Comercial Sendero (Plaza Patio) o la Plaza Comercial Macroplaza.

Un mapa comunero

Gracias a la comunidad que sostiene y mantiene vivo el danzón nació un mapa comunero porque se hizo entre todas las personas que se acercaron a la mesa de mapeo, que escucharon, observaron, conversaron, bailaron…no están todas y no pretende ser un mapa de la totalidad, ni de una única verdad, ni mucho menos de nuestra verdad. Hemos tratado de escribir un texto de la experiencia desde la diversidad; un mapa no del danzón sino de la experiencia danzonera. Un mapa que es, a la vez, muchos mapas y que no termina aquí porque que se expande más allá del papel, hacia lo digital para que, quien así lo desee, pueda seguir mapeando experiencias desde otros espacios, otras experiencias y con otras personas.

El mapa digital

En este mapa público podrás añadir localizaciones a través de las capas creadas y/o crear otras tratando de respetar los códigos de colores que especificamos más arriba o añadir otros. En él puedes subir imágenes, vídeos y/o texto y, si quieres que te acompañemos en el proceso, puedes escribirnos a este correo: adedoblev@gmail.com.

El mapa analógico

Puedes acceder a los mapas pinchando en las siguientes imágenes para ampliarlas un zoom que te permitirá leerlas:

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Código QR

Si quieres, puedes imprimir este código para pegarlo en algún espacio público y que cualquier persona, con acceso a celular o dispositivo electrónico, pueda leer lo que aquí se escribe y seguir compartiendo las experiencias del danzón en cualquier lugar.

Generador de Códigos QR Codes

No concluimos, seguimos

Porque la vida es un mapa y todas somos mapeadoras.

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Publicación original en http://miradasmultiples.com.mx/2018/05/31/armemos-juntos-danzon/

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